21 de julio de 2017

La Pecera.

Sucios, todos vivimos sucios por el fango en que nos hacen vivir. Impuesto o no, es el hábitat que nosotros como especie hemos creado. Quizá ese fue el primer problema, adaptar el medio a nosotros, y no al revés. ¿Qué clase de especímenes estamos creando? Aquellos que mejor adaptan sus necesidades al medio son los que en nuestra Suciedad consideramos triunfadores, en ese caso... ¿Estaremos promoviendo la evolución del ser humano como peón destructor? ¿Nos convierte eso en una plaga? 

Puede ser, en absoluto, así es, ni hablar, según cómo se mire... las respuestas las tenemos todos, es por eso que resulta imposible que haya una única verdadera.

Llegó un momento en el que a la Suciedad no le bastó con seguir modificando a su antojo todo lo que le rodeaba y comenzó a convertir en victimas de su evolución a gran parte de los miembros de ella misma. Surgieron diferencias entre los propios parásitos hasta llegar al punto en el que unos se pusieron a merced de otros, y no precisamente por voluntad propia. Fruto de la evolución de la Suciedad volvimos a considerar como triunfadores a aquellos que pisotearon a los demás para seguir destruyendo. ¿Cuál fue el problema? Que para aquellos que destruían se convirtió el hecho de destruir en beneficio propio o de los suyos. Dicho beneficio egoísta pasó a convertirse en avaricia y codicia mutando y mutando como si de un virus se tratase. Sin embargo, aquellos que infectaron al resto con este virus no sufrieron sus consecuencias, y aquellos que fueron infectados lo sufrieron fatalmente. Todas las víctimas de ese virus fueron consideradas como débiles y por lo tanto inferiores, y todos aquellos que extendieron la suciedad sin sufrir secuelas fueron premiados con reconocimiento y respeto. ¿Merecido?

Según se fueron incrementando las diferencias el respeto se convirtió en un intento de los "inferiores" de búsqueda de la aceptación de aquellos con reconocimiento con el fin de sentirse menos inferiores en su inferioridad o quizá soñar con un día formar parte de aquellos que les destruyen.

El tiempo fue pasando y la Suciedad siguió evolucionando. Quizá como individuos hayamos ganado más conciencia, mas conocimiento, más ganas de aprender y más ganas de descubrir, aunque todo dentro del prisma desde el que cada uno quiera mirar a su alrededor. Sin embargo seguimos nadando en la misma pecera de siempre, aunque muchos se vean libres en el mar... Por lo tanto será imposible nadar libres hasta que la suciedad se limpie, aunque si se limpia, será sin duda gracias a aquellos y aquellas que soñaban más allá de la pecera.