Se asomam por el fondo un par de rayos de luz enmarcados en el aire fresco de la mañana. Amanece, pero las farolas aún siguen encendidas, como si se resignaran a reconocer que la noche, su momento, ya ha pasado. Sólo tengo claro que tengo mucho sueño, me ahogo en cualquier resquicio de dificultad que pueda dislumbrar en lo que será mi día. ¿Es ese mi autobús? Mierda, otra vez no... Acelero el paso, empiezo a mentalizarme de que quizá lo pierda. Menuda manera de empezar el día... Buff por poco, pero esta vez he tenido suerte. - Bajan las pulsaciones de nuevo. Me pongo esa canción que me hace imaginar y que siempre me anima. Por un momento desconecto, todo gira en torno a la letra y el ritmo. ¿Es eso un sitio libre? Me siento, ahora si que puedo relajarme del todo. Me gusta mirar por la ventana sin ver. No miro para ver, miro para imaginar todo lo que ronda mi mente.
- Quizá es que tengo demasiadas cosas en la cabeza y no sepa ver más allá.
+ ¿Más allá de qué?
- Si has visto Mary Poppins te sonará... Más allá de mi nariz.
+ ¿Y eso a cuento de qué?
- A cuento de todo lo que nos rodea. Quizá en demasiadas ocasiones nos perdamos infinad de cosas que miramos pero no vemos, por no ver más allá de nuestras narices.
Sea por la razón que sea, solemos dejar que pensamientos concretos dominen el porvenir de nuestros días alimentados por sensaciones, miedos, o hechos que estemos viviendo. Nos preocupamos sin ocuparnos, dejando que la vista se nuble y tiña de problema toda acción que llevemos a cabo. Perdemos la consciencia de todo lo que se desarrolla a nuestro alrededor porque somos incapaces de ver más allá de nuestros propios asuntos. Una especie de egoísmo involuntario contraproducente, es decir, todo mal.
La solución nunca será compartimentar nuestros asuntos en el cajón de la mierda de conflictos sin resolver que todos guardamos en algún rinconcito de nuestra conciencia. Quizá guardéis las cosas ahí para no generar conflictos, está bien, pero os deseo suerte cuando desborde.
Puede que de alguna forma haya que aprender a convivir con lo que cada uno vivimos "de narices para dentro", internamente, y lo que sucede "más allá de nuestras narices", nuestra gente. Seguramente que si por un momento desviamos nuestra preocupación hacia las que se puedan presentar en nuestro entorno mejoraremos el clima, aprenderemos de las experiencias ajenas, y para cuando la preocupación quiera volver a donde estaba, quizá ya no encuentre todo el espacio que le otorgabamos antes.
Basta de seguir mirando por la ventana del autobús desde el sitio. Aquí no se ve nada.
Me bajaré en esta parada, a ver qué me encuentro, más allá de mis narices.

