5 de mayo de 2021

El enemigo soy yo.

Liberé cientos de miles de batallas en la más recóndita de las arenas, mi mente. 

Nunca bastó con el empeño, caí derrotado una y otra vez.

El más mínimo aire de grandeza me invitaba a querer pelear de nuevo, pero las heridas cada vez eran más profundas.

Cicatriz a cicatriz, construí el mapa de mis fracasos adornados con sangre, sudor y alguna lágrima.

Alejado de sentir orgullo me resigné, el rival era mejor que yo, nada que hacer. 

Resulté ser yo mismo. El mejor de mis aliados, el peor de mis enemigos. 

Entonces, ¿realmente fracasé intentando triunfar? ¿Triunfé a base de conseguir fracasar? 


¿Qué estaba haciendo? 


Ese es el problema, no saberlo. 


Se acabaron las contiendas, no quiero que haya nada en mi mente por lo que pelear. 

El enemigo dispuesto a enturbiar cada proceso vital en el que me sumerja se retira. 

Doy la mano al aliado que me acompañará en cada paso con el único objetivo de que mi marcha no termine. 

Yo mismo.



RENÉ MAGRITTE. Para no ser reproducido. 1937.

18 de febrero de 2021

Como gotas.

Seguimos el cauce en compañía, como si fuéramos un todo homogéneo. 


La pendiente marca la dirección y la velocidad de nuestra corriente. 


Sin embargo, en las caídas es distinto. Salpicamos. Nos aislamos.


Entonces terminamos de caer y volvemos con el resto como si nada. 

Como si fuéramos la misma gota, en el mismo cauce. 


Pero arrastramos sustancias diferentes. 

Sedimento de nuevos caminos.



29 de enero de 2021

Un soplo de vida en mis abismos.

De vez en cuando me pierdo.

No lo hago por gusto, solo me dejo guiar por mis fantasmas. No veo luz que pueda indicar un camino alternativo, será mejor no salirse del sendero. La marcha se pausa, parece que estamos llegando... Empiezo a escuchar la inmensidad al fondo, como si el bosque se fuera abriendo.

Ahí está.

A pesar de que siempre consigo olvidar el camino hasta aquí, jamás podría eliminar estas vistas de mi cabeza. Quizá sea el momento de bajar y explorar, aunque parece prácticamente imposible que pueda plantearme volver a subir. Sin embargo, mientras lo pienso, noto como poco a poco mi cuerpo se va acercando al límite de manera autónoma.

Decido dejarme ir.

No soy capaz de dar sentido a mis fuerzas. Será mejor que me vaya preparando para el golpe. De pronto noto una fría brisa chocando contra mi cara. No puede detenerme, pero siento que su potencia va aumentando como si quisiera sostenerme. Las fuerzas se igualan, mi cuerpo se frena, los pensamientos vuelven.

De nuevo vuelvo a querer dar sentido a las cosas.

Aún no sé cómo, pero es suficiente para que la brisa me aleje del vértigo y me devuelva a mi lugar. Las dudas y miedos siguen ahí, como antes, pero ya no me preocupa. Tengo todo el viaje de vuelta para pensar.



El caminante sobre el mar de nubes. Friedrich C. D. 1818.

18 de enero de 2021

Misma parada.

 Fin del trayecto. 

¿Ya? 

Cada vez dura menos el viaje.

Aunque parece que siempre termina en la misma parada. 


Odio este sitio, me absorbe. 

Intento de una y mil formas alejarme, pero una vez más termina el trayecto en la misma parada. 

Tal vez esté cogiendo el autobús equivocado, no lo niego.

Pensé que podría valer simplemente con cambiar el destino, pero una vez más, termina el trayecto en la misma parada. 


Ya he pasado mucho tiempo aquí. 

Pero no lo pasé yo, me pasó él a mi. 


No conozco otra manera. 

No sé cómo reunir fuerzas para hacerlo diferente. 

No tengo el valor de hacerlo diferente. 


Otra vez aquí.

Pero ahora es distinto. 


Ya no me vuelvo a subir. Me niego a que vuelva a ocurrir lo mismo. 

Esta vez espero aquí, quizá al siguiente. 

Mientras tanto no quiero pensar, no me quiero mover. 

Quiero asumir este lugar. 

Cuando ocurra estaré listo, lo se. De momento tendrá que valer con eso. 


Hasta entonces, me quedaré aquí observando. 

¿Será para tanto este lugar?

31 de diciembre de 2020

Año con-sentido.

"La tristeza es un cristal muy delicado, que al menos yo si quiero conservar"

Se llama Colgados del Sol, y es una canción de La M.O.D.A. En mi opinión, un acertado mantra de cara a dejar atrás lo que ha sido este 2020. Sobra ahogarse hablando de penurias. De una forma u otra, todos y todas hemos estado jodidos/as en algún momento de este año.

Llegamos a estos últimos días con la sensación de poder por fin dejar ir, compartimentar y olvidar todo lo acontecido. 

¿Realmente es eso lo mejor? Estoy seguro de que no.

Dejar ir:

 Renunciar a todas las habilidades que has sabido añadir a tus rutinas.


Compartimentar:

 No utilizar todas las experiencias que hemos vivido para nuestro crecimiento como personas.


Olvidar:

 Perder la oportunidad de dar sentido a todo lo que hemos tenido que soportar y hacer.


Por lo tanto, ojalá la conclusión para este año sea que ni mucho menos es deseable por lo que supone, pero si recomendable por sus numerosos aprendizajes. 

Hacer como que no ha ocurrido, 
hace que todo pierda sentido.

16 de diciembre de 2020

Licor de Rencor.

Viene para quedarse... 

Aparece el revanchismo más feroz. Su rabia, aunque dañina, es fuerte y nos mantiene activos. Y así lo aceptamos. 

Inconscientemente, dejamos atrás el eje central de nuestra razón de ser y hacer. 
Comienza a enfermar.

Quizá algún día saldes tu venganza. El revanchismo se diluirá y de nuevo volverás a ser consciente de tu razón de ser y hacer. 

Será tarde. Estará enferma.

El Licor de Rencor te emborracha rápidamente, es una de las botellas más fáciles de abrir. Sin embargo, su resaca deja vacío y arrepentimiento. 

Quizá en su etiqueta puedas leer Falsa sensación de alivio que ahoga y desorienta...

Intento aprender de cada nueva sesión de experiencias que me ofrece la vida. 
No quiero dar siempre protagonismo a los mismos fantasmas. 

Estoy en ello, pero solo se que estoy trabajando en mis zonas dañadas cuando noto el dolor... 

Y duele. 
Así que me llevará un poco más de tiempo.

Mientras tanto... 
Otra de licor, por favor.



"Nighthawks" de Edward Hopper, 1942.

18 de septiembre de 2020

Más allá de nuestras narices.

Se asomam por el fondo un par de rayos de luz enmarcados en el aire fresco de la mañana. Amanece, pero las farolas aún siguen encendidas, como si se resignaran a reconocer que la noche, su momento, ya ha pasado. Sólo tengo claro que tengo mucho sueño, me ahogo en cualquier resquicio de dificultad que pueda dislumbrar en lo que será mi día. ¿Es ese mi autobús? Mierda, otra vez no... Acelero el paso, empiezo a mentalizarme de que quizá lo pierda. Menuda manera de empezar el día... Buff por poco, pero esta vez he tenido suerte. - Bajan las pulsaciones de nuevo. Me pongo esa canción que me hace imaginar y que siempre me anima. Por un momento desconecto, todo gira en torno a la letra y el ritmo. ¿Es eso un sitio libre? Me siento, ahora si que puedo relajarme del todo. Me gusta mirar por la ventana sin ver. No miro para ver, miro para imaginar todo lo que ronda mi mente. 




- Quizá es que tengo demasiadas cosas en la cabeza y no sepa ver más allá.

+ ¿Más allá de qué?

- Si has visto Mary Poppins te sonará... Más allá de mi nariz.

+ ¿Y eso a cuento de qué? 

- A cuento de todo lo que nos rodea. Quizá en demasiadas ocasiones nos perdamos infinad de cosas que miramos pero no vemos, por no ver más allá de nuestras narices. 

Sea por la razón que sea, solemos dejar que pensamientos concretos dominen el porvenir de nuestros días alimentados por sensaciones, miedos, o hechos que estemos viviendo. Nos preocupamos sin ocuparnos, dejando que la vista se nuble y tiña de problema toda acción que llevemos a cabo. Perdemos la consciencia de todo lo que se desarrolla a nuestro alrededor porque somos incapaces de ver más allá de nuestros propios asuntos. Una especie de egoísmo involuntario contraproducente, es decir, todo mal. 

La solución nunca será compartimentar nuestros asuntos en el cajón de la mierda de conflictos sin resolver que todos guardamos en algún rinconcito de nuestra conciencia. Quizá guardéis las cosas ahí para no generar conflictos, está bien, pero os deseo suerte cuando desborde. 

Puede que de alguna forma haya que aprender a convivir con lo que cada uno vivimos "de narices para dentro", internamente, y lo que sucede "más allá de nuestras narices", nuestra gente. Seguramente que si por un momento desviamos nuestra preocupación hacia las que se puedan presentar en nuestro entorno mejoraremos el clima, aprenderemos de las experiencias ajenas, y para cuando la preocupación quiera volver a donde estaba, quizá ya no encuentre todo el espacio que le otorgabamos antes. 

Basta de seguir mirando por la ventana del autobús desde el sitio. Aquí no se ve nada. 

Me bajaré en esta parada, a ver qué me encuentro, más allá de mis narices. 



2 de abril de 2020

(Con)(fin)amiento.

Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Viernes, Sábado y llegaba el tan repudiado Domingo, ese día que parecía que no tenía antídoto posible para encararlo con optimismo. Pasaron así multitud de Domingos, y sin saber muy bien cómo, llegó un "bicho" que nos obliga a parar totalmente toda nuestra actividad y quedarnos en casa por precaución y prevención. ¿Acaso cada Domingo que dejamos pasar sumergidos en nuestra más profunda amargura era un entrenamiento para esto? Puede ser... Aunque esta claro que no tener esa sensación de volver a la rutina al día siguiente le quita emoción.


Entramos en un nueva realidad en la que los días se vuelven apáticos. Todos los que alguna vez nos hemos quejado por el pffff trabajo, pffff clases, pffff rutina, pffff etc... Míranos ahora, añorando como idiotas el tener algo que hacer. Supongo que todos habremos llegado ya a la conclusión de que solo valoramos las cosas que tenemos en su justa medida cuando nos las quitan, como ese bebé que llora porque quiere el juguete que acabas de coger, aunque no sabe por qué. Somos así y punto, tampoco creo que debamos considerarlo un gran defecto. Quizá el defecto sería no darse nunca cuenta de lo que se tiene. Perderlo todo y no ser capaces de aprender qué hicimos mal o bien de cara a próximas veces. Justo es ahí donde veo yo la clave, las próximas veces.

Lo que tuvimos lo añoramos, lo que tenemos lo normalizamos, y lo que tendremos lo soñamos, pero ¿cuál es la conexión que podemos sacar de todo esto? El "fin" que le damos a cada cosa. Con este tipo de "fin" me refiero a una razón de ser, no a la forma en la que damos por finalizado algo. Creo que cada cosa que hacemos debe estar firmemente ligada a un fin, el que sea, que funcione como "motor de arranque" cada vez que se nos "calen" los motivos para continuar con nuestros objetivos. 

¿Para qué cenas por la noche? Para no irme a la cama con hambre... ¡Perfecto! ya tienes tu fin. Sea cual sea el motivo, debemos trabajar en ser conscientes de los fines de cada cosa que hacemos. Solo así nos podemos emplear al 100% en nuestras tareas, aunque sean quitarnos el hambre antes de dormir...

Por lo tanto, cada cosa que hicimos, hacemos o haremos nunca nunca nunca será en vano. ¿Por qué? Porque siempre siempre siempre podremos darle un fin, una razón de ser, de lo que fue o de lo que será, que dé explicación a cada cosa que nos proponemos. De esta forma, podremos cargar con nuestras experiencias en forma de ventaja frente a lo que venga, en vez de asumir chascos, desilusiones o fracasos que solo nos impedirán seguir nuestro camino.


Es por eso, que para estos días en los que probablemente llegue el momento en que nos aburramos hasta de nosotros mismos, no os voy a dar consejos sobre cómo llevar mejor la situación o los típicos "10 tips de cómo hacer de tu confinamiento una fiesta".


Piensa a largo plazo pero trabaja en el presente, poco a poco, sea lo que sea, tus fines allí te esperan. Y no olvides a la vuelta disfrutar más y normalizar menos todo aquello que ahora añoras.

Volveremos más conscientes.

30 de agosto de 2019

Crecer.

Queramos o no, crecemos con el paso del tiempo. Un concepto abstracto, a la larga observable, que esconde tras de sí una infinidad de vivencias. Un proceso constante, siempre activo, que puede variar su velocidad en apenas milésimas de segundo, para bien o para mal. Aveces, 20 lustros no son suficientes para apreciar diferencias, otras en cambio basta con un mísero año para decir... No decir nada, simplemente, resoplar.

Siguen pasando los días, la rutina avanza es su continuo circulo vicioso, perdemos las noción del tiempo, nos limitamos simplemente a dejar los días pasar hasta nuestro próximo evento. 

¿Crecemos mientras esto ocurre?

Si, mucho más de lo que pudiera parecer.

Sin embargo, la actitud de dejar que los días pasen nos perjudica. Ralentiza el tiempo, nos roba la ilusión y perdemos el hambre. Crecemos, si. Pero crecemos envueltos en una espiral de dejadez, aburrimiento y cero ambición. En vuestras manos está evitar dicha espiral de dejadez y crecer para bien, al menos así habéis hecho durante este año. Dando sentido a cada cosa que hacemos, valorando el peso que tienen nuestras acciones en las demás, aprendiendo a saber sufrir para mejorar, exigiéndonos a nosotras mismas sin que nadie tenga que estar dándonos empujoncitos por detrás... 

¿Os suena?

Espero que si.

Por ello, no paréis ahora. Seguid creciendo como amiga, jugadora, estudiante, hermana, hija, compañera, etc, pero sobretodo como personas. 

Cuando vosotras crecéis, hacéis crecer a los demás.

11 de junio de 2019

AgriDulce.

Agrio,
Porque duele que se acabe,
porque se pasa rápido,
porque deja un vacío grave,
porque cada recuerdo vivido se clava, "estaba bien como estaba".

Dulce,
Porque termina una experiencia más,
porque disfrutaste tanto que pasó volando,
porque estabas tan bien que no quieres dejarlo atrás,
porque en tu mente se quedan los buenos recuerdos rondando.


-Y si las razones son las mismas, ¿Cuál es la diferencia entre Agrio y Dulce?

+No la hay, es todo cuestión de enfoques.

Cada vez que concluimos una experiencia vital pasamos por este proceso. En un primer momento todos los recuerdos se vuelven agrios, nos hacen recordar y añorar, nos hacen destacar en exceso el hecho de terminar, nos hacen sentirnos huérfanos de sensaciones.

Sin embargo, es justo tras soportar y superar ese agrio regusto cuando empezamos a notar ligeras notas de sabor dulce en nuestra experiencia. De pronto se te llena el corazón de orgullo, la mente de buenos aprendizajes, y tu paladar por fin puede relajarse y disfrutar.

Ya no importa tanto el final de las cosas, ahora valoramos más el proceso, el camino por el que nos hemos dejado llevar. Ahora bien, no nos conformemos con esto pues aún nos quedan multitud de experiencias por probar.

Agrias, dulces, o agridulces, cada bocado dará paso a la siguiente.