Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Viernes, Sábado y llegaba el tan repudiado Domingo, ese día que parecía que no tenía antídoto posible para encararlo con optimismo. Pasaron así multitud de Domingos, y sin saber muy bien cómo, llegó un "bicho" que nos obliga a parar totalmente toda nuestra actividad y quedarnos en casa por precaución y prevención. ¿Acaso cada Domingo que dejamos pasar sumergidos en nuestra más profunda amargura era un entrenamiento para esto? Puede ser... Aunque esta claro que no tener esa sensación de volver a la rutina al día siguiente le quita emoción.
Entramos en un nueva realidad en la que los días se vuelven apáticos. Todos los que alguna vez nos hemos quejado por el pffff trabajo, pffff clases, pffff rutina, pffff etc... Míranos ahora, añorando como idiotas el tener algo que hacer. Supongo que todos habremos llegado ya a la conclusión de que solo valoramos las cosas que tenemos en su justa medida cuando nos las quitan, como ese bebé que llora porque quiere el juguete que acabas de coger, aunque no sabe por qué. Somos así y punto, tampoco creo que debamos considerarlo un gran defecto. Quizá el defecto sería no darse nunca cuenta de lo que se tiene. Perderlo todo y no ser capaces de aprender qué hicimos mal o bien de cara a próximas veces. Justo es ahí donde veo yo la clave, las próximas veces.
Lo que tuvimos lo añoramos, lo que tenemos lo normalizamos, y lo que tendremos lo soñamos, pero ¿cuál es la conexión que podemos sacar de todo esto? El "fin" que le damos a cada cosa. Con este tipo de "fin" me refiero a una razón de ser, no a la forma en la que damos por finalizado algo. Creo que cada cosa que hacemos debe estar firmemente ligada a un fin, el que sea, que funcione como "motor de arranque" cada vez que se nos "calen" los motivos para continuar con nuestros objetivos.
¿Para qué cenas por la noche? Para no irme a la cama con hambre... ¡Perfecto! ya tienes tu fin. Sea cual sea el motivo, debemos trabajar en ser conscientes de los fines de cada cosa que hacemos. Solo así nos podemos emplear al 100% en nuestras tareas, aunque sean quitarnos el hambre antes de dormir...
Por lo tanto, cada cosa que hicimos, hacemos o haremos nunca nunca nunca será en vano. ¿Por qué? Porque siempre siempre siempre podremos darle un fin, una razón de ser, de lo que fue o de lo que será, que dé explicación a cada cosa que nos proponemos. De esta forma, podremos cargar con nuestras experiencias en forma de ventaja frente a lo que venga, en vez de asumir chascos, desilusiones o fracasos que solo nos impedirán seguir nuestro camino.
Es por eso, que para estos días en los que probablemente llegue el momento en que nos aburramos hasta de nosotros mismos, no os voy a dar consejos sobre cómo llevar mejor la situación o los típicos "10 tips de cómo hacer de tu confinamiento una fiesta".
Piensa a largo plazo pero trabaja en el presente, poco a poco, sea lo que sea, tus fines allí te esperan. Y no olvides a la vuelta disfrutar más y normalizar menos todo aquello que ahora añoras.
Volveremos más conscientes.