- Comenzamos, mi mochila cargada de ganas. ¿Será suficiente?
- Depende de la intensidad con la que brille tu meta.
- A por ello entonces.
- Sabes, no será un camino fácil.
- ¿Insinúas que será difícil?
- No he dicho eso, es más, no será ni fácil ni difícil, eso no existe.
- Hombre, su complicación tendrá, tampoco espero un baño de lágrimas, pero desde luego no aspiro a que me regalen nada.
- Eso está bien, pero insisto, ni fácil ni difícil, al final todo es cosa de uno mismo.
- Pero por mucho que dependa de mí, habrá cosas que se me den mejor y otras peor...
- Así es, pero eso no ha de influirte en absoluto siempre que tu actitud sea favorable a la dirección en la que deseas caminar.
- Entiendo, te refieres a que use mis ganas de lograr lo que busco contra todo aquello que se pueda cruzar en mi camino para mal o para bien.
- Más que tus ganas, necesitaras mucho de ti mismo.
- Pero mis ganas son mías, son parte de mi.
- Si, y eso no te lo quita nadie, pero esas ganas me temo que no son nada sin actitud, sin convicción, sin creer en ti mismo, y en tus infinitas posibilidades.
- Pero yo tengo unos limites, los cuales conozco, y no tengo problema en reconocer, ellos me marcan lo que puedo o no hacer.
- Error, obviamente todos tenemos unos límites, pero hemos de ser nosotros mismos quien les pongamos y por supuesto no olvidarnos de que siempre, y cuando digo siempre, es siempre, debemos estar dispuestos a superarlos, de tal forma que estaremos venciéndonos a nosotros mismos, lo que propiciará que crezcamos como personas.
- Sabes, creo que nunca he estado más seguro de mí mismo tras recapacitar sobre esto, y desde luego, tengo claro que quiero ir a por ello.
- Entonces, adelante...
- Un momento... ¿otra vez este sueño? pero, ¿qué me pasa...? no lo entiendo... ¿Será que mi subconsciente me está tratando de decir algo? Pero cómo lo voy a saber, si siempre que empiezo a andar me despierto... Papa, he vuelto a tener ese sueño.
- ¿El del camino intransitable?
- Si, y como siempre, en cuanto empiezo a caminar, me despierto.
- Vaya... y entonces, si siempre que caminas te despiertas, ¿por qué crees que siempre lo terminas haciendo?
- No lo se... ya no se ni que hago.
- Tranquilo, parece que alguien dentro de ti quiere empujarte a seguir hacia delante.
- Hacia delante, ¿a dónde?
- No lo se, eso solo lo sabes tú...
- Entonces, por primera vez en mucho tiempo, creí por fin entenderlo todo. Esa vocecilla dentro de mi era yo mismo procurando no dejar de remar en la dirección que realmente buscaba. El problema es que no se lo que buscaba, pero eso ya era lo de menos, porque descubrí que podía buscar lo que yo quisiese, porque eso era lo verdaderamente importante, querer. Y si me apetecía ser astronauta pues podría serlo, y si me apetecía en otro rato ser cirujano pues también, porque mientras quisiese no había camino lo suficiente largo, ni lo suficiente empinado, como para hacerme volver atrás. Y tener presente cuando yo a mi mismo me decía "esas ganas me temo que no son nada sin actitud, sin convicción, sin creer en ti mismo, y en tus infinitas posibilidades" para no desesperar, y por supuesto, disfrutar. Porque después de todo, por muy negativas que sean las situaciones en ocasiones, mientras no sean más que fruto de la meta que tanto ansiamos lograr, no deben afectarnos en absoluto. Quizá cueste, pero es un paso más, y nada debería hacernos más felices que ir a por aquello que deseamos. Escuchémonos.

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