20 de noviembre de 2015

No lo pienso, lo escribo.


Quiero soñar que despierto en medio del desconcierto, tratando de hallar el acierto, lo correcto, casi perfecto, mas no lo entiendo. ¿Será que no estoy atento? Veréis, lo cierto es que no me encuentro. Busco donde me perdí para poder buscar donde buscarme sin temor a equivocarme, solo mostrarme que yo mismo existo. Insisto, no trato de obtener un sentido recto para dicho escrito, sin embargo siento como las palabras vagan seguras por el papel. Papel, como aquél al que nunca debe renunciar nadie en esta tragicomedia a la que algunos llaman vida, regida por un destino, al cual le gusta jugar a inculcarnos lo que se aprende entre tanto noche y día vivido. 
En ocasiones, escribimos cosas con sentido. En ocasiones, los sentidos escriben las cosas. Tal y como viene sale, ¿para qué buscar un orden?¿cuál es el orden?¿qué es orden? Mi orden, quizá el de muchos otros, quizá el de nadie, se que solo existe cuando yo le imagino, le percibo, y le escribo.
Me gusta que las palabras se den la mano para transmitir pensamientos vacíos de generalidades, pero llenos de experiencias individuales. 



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