29 de marzo de 2016

Qué sabe nadie.

Aveces algunas personas quieren brillar. Unas lo buscan, otras lo necesitan. Dicha necesidad tiene un fin, poder alumbrar su alma llena de recuerdos oscuros, los cuales no solo no desaparecen, si no que se repiten constantemente y duelen. Duelen de impotencia,  duelen por saber que ese alguien ya no va a volver, duelen porque las cosas han cambiado, duelen porque cada día el más mínimo detalle hace que su llama se avive. Pero va con ellos. Aprenden a lidiar el trago en vez de a pasarlo. A vivir con ello de forma que parezca que ya quedó en el pasado, pero que sin embargo esta más presente de lo que incluso ellos creen. Conviven con sus más allegados omitiendo su profundo sentir con el fin de evitar esos sentimientos tan esquivos de lástima o pena. Solo pretenden seguir mirando al frente. Ni piden ni buscan apoyos, cuando lo necesitan se acercan allí donde sepan que puedan encontrarlos, pero muy silenciosamente. Esas personas de alma dañada, que no rota, cuidado con ellas. Cuidado porque de cada arañazo en su vida han sacado una lección. Cuidado porque saben valorar sus vidas como es debido, saben digerir los problemas y solventarlos, saben iluminar la negatividad con positivismo, saben querer y demostrar que quieren a sus seres mas cercanos, saben que estancarse no nos acerca a nuestros objetivos si no que más bien nos aleja. Pero sobretodo saben que existen entre una multitud de individuos, los cuales, lidian con sus problemas invisibles desde el exterior pero muy visibles para ellos en su interior. Por eso mismo, no conviene precipitarse a la hora de juzgar a nadie, dado que solo nosotros mismos somos capaces de poder establecer una definición aproximada de lo que somos, ya que vamos construyendo nuestra propia personalidad a base de estos pequeños arañazos que a la larga no podrían ser más sanos.


13 de marzo de 2016

Cuestión de fe.


Esa fuerza capaz de sacar a relucir nuestra mejor versión. Capaz de hacer que no aparezca esa duda que recorre nuestra cabeza sobre si es mejor detenerse totalmente y dejar escapar aquello que tanto ansiamos porque pasa el tiempo y solo sentimos que se aleja. O bien parar, respirar, y seguir más firmes y fuertes que nunca, olvidándonos de la opción fácil, huir, conformarnos, rendirnos, y únicamente teniendo en mente cada paso adelante que damos con el fin de lograr avanzar y no desistir sin haberlo intentado. Sin embargo, esta fuerza emana de nuestro propio interior. Desde mi punto de vista es clave y primordial saber creer en nosotros mismos. Saber todo aquello que somos capaces de hacer. Todo lo que deseamos lograr y todo lo que somos. Porque es ahí donde escribimos nuestra propia definición. Sin tener en cuenta a nadie más, simplemente nosotros. Solo si creemos en nuestro ser, solo si tenemos esa fe ciega que no necesita ni de pruebas ni de hechos para servirnos como clavo ardiendo al que agarrarnos, podemos ser capaces de conseguir todo lo que nos propongamos. Porque muchas veces nos infravaloramos pecando de exceso de humildad, y no se trata de creerse un ser divino, pero sí de confiar en nosotros y en nuestras infinitas posibilidades, ya que si tú no crees en ti mismo... 


¿Quién lo va a hacer?