30 de noviembre de 2015

Eterno.




Siempre he admirado a Kobe y siempre le voy a admirar. Mi primer ídolo cuando empecé a jugar al baloncesto, y desde ahí hasta ahora, y desde ahora para siempre. Por desgracia, esta será su ultima temporada como jugador. No puedo evitar pensar que quizá su retirada se haya visto motivada por la poca ambición que mueven los Lakers actualmente. En cualquier caso, lo único claro es que Kobe se va, y al menos recibirá los honores que merece y no saldrá por la puerta de atrás como ocurre con otras grandes estrellas. Dicho lo cual, esta es la carta que Kobe Bryant publicó a través de la página web 'The Players Tribune' y no se a vosotros, pero a mi me ha tocado la fibra sensible.





Querido baloncesto


Desde el momento en el cual empecé a enrollar los calcetines largos de mi padre y a lanzar tiros ganadores imaginarios en el Great Western Forum, supe que una cosa era cierta:

Me había enamorado de ti. Un amor tan profundo que te lo di todo. Desde mi mente a mi cuerpo. Desde mi espíritu, a mi alma. Como un niño de seis años, locamente enamorado de ti, nunca vi el final del túnel. Solo me vi a mi mismo, corriendo fuera de él.

Y entonces corrí; corrí arriba y abajo en cada cancha, tras cada balón perdido. Pediste mi lucha; te di mi corazón, porque este vino con muchas más cosas. Jugué pese al sudor y al dolor. No porque me llamaba el desafío, sino porque tú me llamabas. Lo hice todo por ti. Porque eso es lo que haces, cuando alguien te hace sentir tan vivo como tú me hiciste sentir.

Le diste a un niño de seis años su sueño Laker y siempre te querré por eso. Pero no puedo quererte obsesivamente mucho más tiempo. Esta temporada es todo lo que me queda por darte. Mi corazón puede con la lucha, mi mente puede con el esfuerzo. Pero mi cuerpo sabe que es la hora de decir adiós.


Y eso está bien. Estoy listo para dejarte ir. Quiero que lo sepas, así ambos podemos saborear cada momento que nos queda juntos. Los buenos y los malos. Nos hemos dado el uno al otro todo lo que tenemos. Y ambos sabemos que haga lo que haga después, siempre seré ese niño, con los calcetines enrollados, papelera en la esquina, 5 segundos en el reloj, pelota en mis manos… 5… 4… 3… 2… 1…

Te quiero, para siempre,

Kobe

Fuente: El País.

20 de noviembre de 2015

No lo pienso, lo escribo.


Quiero soñar que despierto en medio del desconcierto, tratando de hallar el acierto, lo correcto, casi perfecto, mas no lo entiendo. ¿Será que no estoy atento? Veréis, lo cierto es que no me encuentro. Busco donde me perdí para poder buscar donde buscarme sin temor a equivocarme, solo mostrarme que yo mismo existo. Insisto, no trato de obtener un sentido recto para dicho escrito, sin embargo siento como las palabras vagan seguras por el papel. Papel, como aquél al que nunca debe renunciar nadie en esta tragicomedia a la que algunos llaman vida, regida por un destino, al cual le gusta jugar a inculcarnos lo que se aprende entre tanto noche y día vivido. 
En ocasiones, escribimos cosas con sentido. En ocasiones, los sentidos escriben las cosas. Tal y como viene sale, ¿para qué buscar un orden?¿cuál es el orden?¿qué es orden? Mi orden, quizá el de muchos otros, quizá el de nadie, se que solo existe cuando yo le imagino, le percibo, y le escribo.
Me gusta que las palabras se den la mano para transmitir pensamientos vacíos de generalidades, pero llenos de experiencias individuales.