Queramos o no, crecemos con el paso del tiempo. Un concepto abstracto, a la larga observable, que esconde tras de sí una infinidad de vivencias. Un proceso constante, siempre activo, que puede variar su velocidad en apenas milésimas de segundo, para bien o para mal. Aveces, 20 lustros no son suficientes para apreciar diferencias, otras en cambio basta con un mísero año para decir... No decir nada, simplemente, resoplar.
Siguen pasando los días, la rutina avanza es su continuo circulo vicioso, perdemos las noción del tiempo, nos limitamos simplemente a dejar los días pasar hasta nuestro próximo evento.
¿Crecemos mientras esto ocurre?
Si, mucho más de lo que pudiera parecer.
Sin embargo, la actitud de dejar que los días pasen nos perjudica. Ralentiza el tiempo, nos roba la ilusión y perdemos el hambre. Crecemos, si. Pero crecemos envueltos en una espiral de dejadez, aburrimiento y cero ambición. En vuestras manos está evitar dicha espiral de dejadez y crecer para bien, al menos así habéis hecho durante este año. Dando sentido a cada cosa que hacemos, valorando el peso que tienen nuestras acciones en las demás, aprendiendo a saber sufrir para mejorar, exigiéndonos a nosotras mismas sin que nadie tenga que estar dándonos empujoncitos por detrás...
¿Os suena?
Espero que si.
Por ello, no paréis ahora. Seguid creciendo como amiga, jugadora, estudiante, hermana, hija, compañera, etc, pero sobretodo como personas.
Cuando vosotras crecéis, hacéis crecer a los demás.
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