29 de enero de 2021

Un soplo de vida en mis abismos.

De vez en cuando me pierdo.

No lo hago por gusto, solo me dejo guiar por mis fantasmas. No veo luz que pueda indicar un camino alternativo, será mejor no salirse del sendero. La marcha se pausa, parece que estamos llegando... Empiezo a escuchar la inmensidad al fondo, como si el bosque se fuera abriendo.

Ahí está.

A pesar de que siempre consigo olvidar el camino hasta aquí, jamás podría eliminar estas vistas de mi cabeza. Quizá sea el momento de bajar y explorar, aunque parece prácticamente imposible que pueda plantearme volver a subir. Sin embargo, mientras lo pienso, noto como poco a poco mi cuerpo se va acercando al límite de manera autónoma.

Decido dejarme ir.

No soy capaz de dar sentido a mis fuerzas. Será mejor que me vaya preparando para el golpe. De pronto noto una fría brisa chocando contra mi cara. No puede detenerme, pero siento que su potencia va aumentando como si quisiera sostenerme. Las fuerzas se igualan, mi cuerpo se frena, los pensamientos vuelven.

De nuevo vuelvo a querer dar sentido a las cosas.

Aún no sé cómo, pero es suficiente para que la brisa me aleje del vértigo y me devuelva a mi lugar. Las dudas y miedos siguen ahí, como antes, pero ya no me preocupa. Tengo todo el viaje de vuelta para pensar.



El caminante sobre el mar de nubes. Friedrich C. D. 1818.

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