20 de mayo de 2019

El camino

Perder. Una sola palabra capaz de quitarnos tanto. Cada caída, cada fracaso, cada derrota, cada suspenso, cada oportunidad perdida, cada tiro fallado, cada vez que no me atreví, cada segundo perdido. Todo ello, partes fundamentales de mi vida, todas ellas ligadas a la palabra perder. ¿Seré un fracasado entonces? Podría tener mil razones para serlo, pero me basta solo con una para evitarlo, es todo parte del camino. Los errores son el mecanismo del destino para hacernos ver que algo no va bien, decimos entonces que nos hemos equivocado, o peor aún, que hemos fracasado. A partir de ahí, parece que lo mejor es cambiar de tema, dedicarse a otra cosa puesto que ya hemos recibido la "señal" para calmar nuestro empeño. ¿Y si lo que fallan son nuestras formas y no nuestros objetivos? En ese caso, ¿Cómo narices se supone que debo interpretar la "señal"? No lo se. No creo que haya una respuesta concreta, pero si que veo varios escenarios posibles. La opción que elijas siempre será la correcta dado que lo correcto es el simple hecho de tomar una decisión, no qué decisión. Cada decisión que tomes en la vida te llevará por un camino distinto, que puede alejarte o acercarte a aquello que persigues, sin embargo, siempre que te guíen unas razones lo suficientemente firmes, el hecho de encontrarse más o menos cerca del destino carecerá de importancia. Sigue tu camino, persiste, insiste, se cabezón, vale la pena, no lo olvides. Vale la pena.


Y es por esto, por lo que resulta crucial obtener aprendizajes de cada caída. La lección jamás será rendirse, la lección será un conjunto de emociones de las que deberemos exprimir un zumo agrio lleno de fracasos pero con un gran regusto final, en forma de recompensa.

¿Cuál será dicha recompensa?¿Al fin el éxito? 

No necesariamente.

La recompensa nos la dará nuestra capacidad de analizar lo sucedido, de saber dar importancia a lo que realmente importa, de lograr encontrar pequeños haz de luces cuando todo parece oscuro, de ser pacientes con nosotros mismos sin dejar nunca de exigirnos, de parar, respirar, y seguir. Que nuestras razones pesen más que nuestras excusas. Avanzamos.






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