Siempre
afrontas cualquier partido con humildad, sabiendo que quieres ganar
pero también se puede perder. La victoria es agradable, el fruto de todo
tu esfuerzo, aunque a veces no se valora como se debería. Las derrotas
pueden ser de muchos tipos, a veces son frustrantes porque por mas que
lo has intentado dando lo mejor de ti no lo consigues... Otras son muy
dolorosas, cuando has dominado durante todo el encuentro pero un pequeño
fallo de concentración en la recta final tira por la borda todo tu
trabajo anterior...Y luego están las amargas, cuando afrontas los
partidos sin muchas expectativas pero con ganas de disputarlos. Poco a
poco, a medida que va corriendo el reloj, empiezas a ver que las cosas
van saliendo. Entonces miras a tu alrededor y puedes apreciar esa mirada
en tu equipo de concentración, de confianza, de ganas de hacer algo
grande, y tú que imaginabas el partido como un mero trámite, le empiezas
a ver como un todo o nada y con un solo final posible, la victoria.
Pero, como en esta vida, todo en esceso es malo, tu ambición te hace
anteponer la victoria a todo lo demás, dejando a un lado a tu equipo y a
tu disfrute personal. Es entonces cuando algo empieza a fallar y tus
ganas de evitarlo de golpe hacen que todo se derrumbe. Quién
sabe.. quizá no estuvieses preparado para ganar o simplemente debiese
ser así. El caso es que te diste cuenta de lo que eres capaz de hacer
con tu equipo y por eso mismo no necesitas pecar de pesimismo, porque
por encima de todo sois una piña y podéis convertir un mero fallo en un
gran punto de inflexión que os lleve camino al éxito.

Pau Gasol y Rudy Fernandez dolidos tras la derrota en la final de Baloncesto de los J.J.O.O. de Londres 2012 ante Estados Unidos. "Con la cabeza bien alta" (tituló el Diario de Burgos).
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